miércoles, 1 de abril de 2009

El león "Pepe Lucho" ruge por su eutanasia

El drama de "Pepe Lucho", nombre con el que es conocido el felino, se ha convertido en uno de los caballos de batalla de los grupos peruanos de defensa de los animales.

El pasado viernes, un numeroso grupo de ciudadanos pertenecientes a la organización Amigos de los Animales hizo una vigilia frente a la catedral de Huancayo, en la sierra central de Perú, para exigir que se permita acabar con la agonía del sufrido león.

Y es que la historia de "Pepe Lucho", ejemplo paradigmático de la poca supervisión de la que disfrutan muchos circos del país andino, fue conocida en Perú cuando sus anteriores dueños lo regalaron al zoológico huancaíno.

En su jaula, el león vive desde hace dos años postrado, debido a un daño irreversible en su médula espinal que terminó de paralizar las patas posteriores y le hizo perder el control de la vejiga y los intestinos.

El animal también sufre de una herida abierta que no cicatriza a la altura de la última vértebra, lo que, según los veterinarios del zoológico, le genera un intenso dolor.


Todas estas heridas son consecuencia del maltrato al que "Pepe Lucho" fue sometido durante su paso por el circo, donde su domador lo golpeaba para obligarle a realizar las piruetas que disfrutaba el público.

Los veterinarios del zoológico han tratado de poner freno a los padecimientos del león, pero sólo han conseguido paliar en parte su dolor con analgésicos y antibióticos, por lo que la recomendación es aplicarle la eutanasia.

Sin embargo, la municipalidad provincial de Huancayo responde que primero es necesario seguir un trámite administrativo, del que se desconoce cual será su duración.

Hace ya dos meses que la municipalidad de esta localidad peruana solicitó al Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) la autorización para sacrificar al animal, sin que hasta el momento se haya recibido respuesta.



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1 comentario:

Mamen dijo...

No lo entiendo. Se cargan leones sanos en cacerías y a este pobre no lo sacrifican. Pobrecillo, qué asquerosos somos los seres humanos.