Casi todos los días Fidel llega para instalarse en una silla azul y sólo se retira de las instalaciones cuando sus dueños regresan a la casa.
¿Por qué la biblioteca? Es difícil saberlo. El personal de la biblioteca asegura que nunca trató de complacerlo ni con comida ni con mimos, es más, dicen que incluso trataron de echarlo cuando vino por primera vez.
Ni caso: ni los empujones ni la indiferencia parecieron hacer mella en Fidel.
Como buen británico, el gato se destaca por su puntualidad y en algunas ocasiones, comentó una portavoz del Municipio de Kent, está esperando en la puerta, incluso antes de que lleguen los libreros.
Heather Hilton, directora de la biblioteca Deal, afirmó de manera divertida que "A Fidel parece gustarle venir de visita por aquí y a nuestros usuarios les gusta su compañía. Yo creo que también es crítico de arte ya que a veces lo vemos examinar las pinturas que tenemos en una de las galerías".
Aunque también, Fidel es un buen guardián, porque si hay un gato en la biblioteca, al menos no habrá ratones.

















































