El pasado jueves, 24 de diciembre, Alexis Martínez Hernández, un joven adietrador de orcas del popular 'Loro Parque' de Tenerife, se encontraba en el tanque de 12,5 metros de profundidad con Keto, uno de los machos.

Ambos practicaban un número en el que el monitor se sumerge junto con el cetáceo para después ser impulsado hasta una rampa ubicada en el borde de la piscina, una actuación que se realiza a diario. Sin embargo, ese día algo falló y el monitor permaneció más de dos minutos bajo el agua,
hecho que le provocó la muerte a pesar de los diferentes intentos por parte de los servicios sanitarios de reanimar al muchacho.
A pesar de que no han trascendido más detalles del incidente, no ha tardado en salir a la palestra impulsado, cómo no, por el sensacionalismo de los medios de comunicación el más que predecible debate: ¿se trata de un desafortunado accidente o de un ataque del animal, juguetón por natulareza, al que muchos se empeñan en ver como un asesino despiadado?
Diferentes fuentes atribuyen a este mismo ejemplar un altercado que sucedió en este mismo parque durante 2007 en el que el animal impactó contra una de sus adiestradoras, que se hundió hasta los 12 metros de profundidad. El cetáceo
se sumergió, la mordió por un brazo y la sacó a la superficie. Salvó la vida, sí, pero le provocó heridas en los brazos al morderla (fractura de cúbito y radio con herida abierta en el antebrazo) lo que ya convierte a este en un animal 'agresivo por instinto'.
Lo terrible del asunto es que, basándose en otros altercados (que nunca ataques propiamente dichos) y sin tener en cuenta que faltan muchos datos o que existe una investigación abierta al respecto dearrollada por expertos de EEUU cuyos primeros datos afirman que
el cuerpo de su adiestrador no presentaba signos de violencia ni de mordeduras y descarta, por tanto, el ataque del animal,
la polémica del asunto se encuentre en la supuesta agresividad de estos animales y no en lo que a mí personalmente me parece el transfondo de todo esto: la posibilidad de encerrar a estos animales en unos recintos que, por mucho que tengan una increible cantidad de litros, con la profundidad y la temperatura necesaria para que puedan mantenerse allí, les está privando de algo tan básico para ellos como lo es LA LIBERTAD.

Sin embargo, lejos de entrar en discusiones estériles o acusar a nadie de nada, hoy quiero limitarme a mandarle todos mis ánimos a una familia que en una fechas tan especiales como estas debe estar destrozada por esa terrible pérdida.
No creo que les sirva de consuelo ante una desgracia así, pero estoy segura de que este muchacho perdió la vida haciendo lo que el más quería y deseaba. Porque, a pesar de los más que presumibles inconvenientes que este tipo de actividades puedan tener para la vida del animal, para llevarlas a cabo y jugarse la vida casi a diario hay que amarlos de verdad.