Aunque hay muchas teorías, ninguna ha dado con la respuesta definitiva. Lo cierto es que se trata de uno de los misterios más simples pero al mismo tiempo más enigmáticos de la naturaleza. Después de un estudio exhaustivo de flamencos del Caribe en cautiverio, dos científicos creen haber dado con la respuesta.
La investigación de Matthew Anderson y Sarah Williams, psicólogos de la Universidad Saint Joseph de Filadelfia, comenzó con el estudio de lateralidad de los flamencos. Es decir, ver si mostraban ninguna preferencia sobre qué parte de su cuerpo utilizan para diversas tareas, al igual que un humano puede ser diestro o zurdo.

Observaron que los flamencos preferían descansar con la cabeza hacia un lado más que el otro, y que el lado hacia el que los flamencos inclinaban su cabeza determinaba cómo eran de agresivos hacia sus compañeros de grupo.
Esto condujo a los investigadores a analizar si los flamencos también prefieren apoyarse sobre una pata más que sobre la otra, y de ahí a ver por qué es que se paran sobre una pata, realizando una prueba empírica sobre la cuestión por primera vez.
Así, en primer lugar, se examinó si el pararse sobre una pata les ayudaba a reducir la fatiga o a escapar de los depredadores más rápido, acortando el tiempo necesario para remontar vuelo (dos de las razones que comúnmente se esgrimen para explicar el porqué de esta posición).
Las aves no mostraron ninguna preferencia por mantenerse sobre una pata o la otra y la posición tampoco les ayuda a mantener el equilibrio cuando hay viento, otra de las ideas que se barajaban, así que se descartaron ambas teorías, junto con otras más más extravagantes, como la que sugiere que descansar sobre una pata ayuda a circular la sangre de los flamencos al limitar los efectos de la gravedad en su sistema circulatorio.
Sin embargo, los investigadores advirtieron que los flamencos preferían pararse en una pata mucho más a menudo cuando estaban en el agua que sobre la tierra, concluyendo que, como el agua indefectiblemente ayuda a liberar el calor corporal, esto
respalda la hipótesis de la termorregulación.
Dicho de otro modo, las aves
se posan en una sola pata para conservar el calor del cuerpo. Si, en cambio, se pararan sobre las dos patas, perderían más calor de lo conveniente, en especial al pasar tanto tiempo sobre el agua.